viernes, 30 de enero de 2009

Amores de lejos

Crónica


Acabo de descubrir a Facebook. ¡Qué deslumbramiento, qué emoción! Aunque claro, llegué tarde, una vez más, como siempre. Nos pasó a todos, creo. Cuándo llegamos ya la fiesta había acabado y lo que quedaba era un reguero loco de vino tinto sobre el mantel. Los Beatles, por ejemplo, el alma de la fiesta, se habían ido ya. Elizabeth Taylor, Sophía Loren, Brigitte Bardot, pues sí, ya se habían retirado de la fiesta también. La Revolución Cubana bajó en el pico de la borrachera, pero cuando llegamos ya había pasado. Alejo Carpentier y El Gabo, por ejemplo, estuvieron por ahí por Caracas, pero ya se habían esfumado. Solo un ejemplo que se me ocurre. Pero así con todo. ¡Yo tenía ocho años cuando Mayo del 68! Y eso, sinceramente, no se le hace a un niño... Y después, cuando llegamos a la universidad, no joda, hasta el estructuralismo ya había pasado. El descampadero, el fin de la historia, qué desolación mano, qué desamparo! Bueno, ya debiera haberme acostumbrado.

Llego a Facebook entonces, y mi primera reacción es este coño mayúsculo, ya se sabe, la verga, etc. ¿Que es esto? Mis recuerdos más íntimos, mis panas más queridos, mis amigas y amores más secretos todos aquí reunidos, tirándose pulpitos y brindándose daikiris unos con otros! Ni Radio Memoria FM logró nunca encogerme el corazón de esa manera. ¡Qué nostalgia! ¿Dónde estaba yo, coño? Bueno, ahora estoy aquí, estoy aquí, mirenme, soy yo, ya llegué. ¿Aló? Yo, pues, soy yo. Hasta me puse una foto medio tramposa para ver si la gente me reconocía. Es verdad, estoy más gordo. Tengo el pelo blanco es cierto, pero coño ¡tengo pelo! Aló... 1,2,3... aló. Qué va. Nada.

Bueno, soy yo que no sé manejar esto, me dije. Hay que aprender a tirar besitos y torticas de crema para hacer amiguitos. Sí así funciona, sea pues. Pasé una tarde intentando desentrañar el significado de los buenos karmas mientras me explotaban renacuajos de colores en la pantalla. Ese día le di buena suerte a medio mundo. Yo nada. Cero amigos. No es que fuera un tipo tan antipático, creo yo. Siempre fui medio encogidito, es cierto, un tímido con pelotas. Y, claro, con esa mezcla sutil de apendejeamiento y complejo de superioridad que me ha merecido tanta patada por el culo. 1,2,3, probando. Nada. Un silencio virtual y hertziano del otro lado.

¿Porqué? Porque ya se habían ido todos, he ahí porqué. Porque llegué tarde una vez más. Ya todo el mundo se había cansado de “taguear” fotos viejas y mirar cangrejos trepando por las pantallas cuando llegué yo con mi fotico de perfil a Facebook. Se fueron, pues. Dios sabrá por dónde andarán ahora. Una en Río, otra en Washington, muchos en Caracas, dónde quién sabe terminaremos todos, quién sabe. Pero dejaron sus fotos, sus cuerpos y rostros de hace veinte años, su alegría de ser jóvenes sin saberlo. O sabiéndolo, pero sin importarles. Y a mí me dejaron con este nudo en la garganta y con restos de crema en los ojos, con el corazón bien chiquitico, viendo sin ver cómo me saltan cosas en la pantalla.

5 comentarios:

Célia Mendes dijo...

Adorei! Adoro a sensação de ler algo com o qual me identifico, que me faz sentir menos "alien", que há por aí alguém no mundo que passa pelas mesmas experiências que eu e por quem lhe passam as mesmas coisas pela cabeça.
É isto que falta à literatura de hoje, na minha opinião: ver a vida por dentro, sem naturalismos nem neo-realismos e menos ainda metáforas e alegorias. É isto que eu gosta dos teus textos e que me faz lembrar o Lobo Antunes: nos teus contos e nas tuas crónicas, as parvoíces, as pequeninas coisas da vida que nunca merecem ser contadas nos filmes ou nos romances ganham vida e enchem o écrã.
Conta-me mais histórias sobre a minha vida às quais não prestei atenção! Anda!

Jaime Senra dijo...

Tú sempre tão querida. Às vezes chego a pensar que tens um fraquinho por mim.

Fabrizio Macor dijo...

Joder, Jaime, estoy esperando por tu novela. Espero que tenga el humor que muestras aquí y me encantaría que el texto fuera tan desvergonzadamente venezolano como lo que has escrito aquí. Venezolanísimo pero entendible por otros hispanohhablantes, eso seguro.
No sé si te animaría a que escribieras en inglés, creo que pierdes algo que no sé bien cómo describir. Quizás sea un cierto desenfado, popular y culto a la vez.
Yo también escribí un post sobre el facebook y mi estado de trance cuando empecé. Está en mi blog.

Jaime Senra dijo...

Tu comentario es super halagador, Fabrizio. Gracias. Cosas así lo animan a uno a seguir.

Leila Macor dijo...

Una novela? dónde está? cuánto falta? Yo también la quiero leer