sábado, 9 de enero de 2016

Carta abierta al Vicepresidente del Area Económica, Sr. Luis Salas


Sr. Luis Salas
Vicepresidente del Área Económica del Gobierno Nacional
Estimado Señor

Después de haber leído algunos pasajes de su pensamiento y obra, concluyo más o menos en lo siguiente. El problema básico de la paralización de nuestra economía:





·         con tasas de decrecimiento del PIB en el orden de los dos dígitos
      ·         hiper inflación anualizada cercana al 300%
      ·         paralización del 70% de la capacidad operativa instalada
      ·         restricción casi absoluta de la libertad económica
      ·         descalificación sistemática y continuada de nuestra economía como oportunidad de inversión por las principales agencias internacionales públicas y privadas, desde S&P (no sé si sabe lo que es) hasta nuestros últimos aliados comerciales como la República Popular China
     ·         y un largo y tedioso etcétera

éste problema, el económico, que penaliza los aspectos más básicos y fundamentales de nuestra vida cuotidiana, al punto crítico de afectar gravemente la disponibilidad de alimentos y medicinas; este pequeño problema, que nos está conduciendo de una crisis grave a una plena catástrofe de proporciones humanitarias; éste problema, para Ud., se reduce básicamente a un enfrentamiento de clases. La paralización del aparato productivo se debe al chantaje de “una guerra económica”. La inflación se debe a la “usura de los capitalistas” y se resuelve con un más extensivo y profundo “control de precios justos”.

Es el conflicto de la burguesía y el proletariado. Que se resuelve, en última instancia, en la agudización de las contradicciones que harán colapsar un modo de producción, para dar lugar a otro, resuelto en síntesis dialéctica. Se trata de una lucha, de “un conflicto de poderes”, la lucha que culminará en el karma de la justicia social llamada la dictadura del proletariado. El pensamiento político, por sí mismo, no existe sino cómo extrapolación de la extracción de clase.  Qué, cómo dijo Gyorgy Lukács (no sé si lo mandan en las universidades bolivarianas porque es un pelín difícil de leer) deforma epistemológicamente la percepción de la realidad. La burguesía, con o sin conocimiento de causa, malgré lui mon ami, forma y deforma sus intereses de clase a través de una ideología, que cabe a la élite revolucionaria, desarticular de cualquier forma, “a como sea”, desmontar, aniquilar y destruir. Porque es la milicia revolucionaria, la élite de la Revolución Bolchevique o la de la Revolución Cultural, la que tiene el mandato de clase para subvertir y comandar, la detentora suprema de la verdad verdadera. Es el mandato de la auto-determinación del proletariado (cito a Karl Korsch, ¿se lee en la Universidad Bolivariana?)

Con estos breves párrafos puede constatar Sr. Luis Salas, que tal como yo, existimos miles de venezolanos que se pasearon por sus caminitos verdes, que entendemos su lenguaje, de donde lo sacó, por donde viene, quién lo enseñó, qué se trae bajo la manga o por dónde viene el mango. Esos miles de venezolanos que leímos la literatura marxista y somos gente de izquierda. Hemos, casi todos, dejado de ser marxistas hace muchos años, pero seguimos militando en la causa de la justicia social, con nuestras convicciones bien arraigadas y bien sólidas. Así que no se crean emisarios del pueblo, justicieros del bien, adalides de la verdad y la justicia.  

Su formación profesional, Sr. Ministro, está desfasada de la realidad casi doscientos años, de la misma forma que el “pensamiento Bolivariano”, desde el punto de vista político,  está desfasado ¡trescientos años! Se quedó anclado en el pensamiento de Hegel y Ricardo y Feuerbach ¡en el pensamiento socio político de dos siglos atrás! ¡Doscientos años que aparentemente pasaron en vano! No solo desestima el desarrollo del pensamiento socio-económico de 5 generaciones, sino que ignora los millones de campesinos ucranianos muertos en manos de Stalin; no, eso es mentira, no existieron; los millones de intelectuales chinos muertos en manos de Mao; no cuentan, eso es puro embuste, ¡nunca murieron! Esos muertos, Sr. Ministro, no fueron en su mayoría ejecutados por sus convicciones ideológicas; sino que murieron de hambre como producto de las ideas económicas de la más pura heterodoxia marxista, que viene Ud. a reavivar en una reformulación neo arcaica inconcebible. Pero la Historia no tiene nada que enseñarles mientras los ilumine la razón de clase y la misión histórica.

Sr. Luis Salas, Vicepresidente del Gabinete Económico. Ud. probablemente está preparado para enseñar el pensamiento socio político de mediados del siglo diecinueve, el pensamiento de hace más o menos doscientos o doscientos cincuenta años atrás. Podría llegar a ser una eminencia académica en su especialidad, a su debido tiempo y con su debido esfuerzo, disciplina y mérito. Pero, por lo que he leído, su encuadramiento intelectual y su capacidad técnica para manejar el Gabinete Económico del País, está en cero, es nula.

Me gustaría haber encontrado en Internet algún artículo suyo referido a la Paridad de Cambio, Paridad Adquisitiva, Paridad Cremallera, Paridad Big Mac, PPP, algún indicio de que conoce o por lo menos se preocupa, por un problema fundamental de nuestra economía (el verdadero tipo de cambio) que afecta la disponibilidad de alimentos y medicinas, que atañe a la vida y a la muerte de los pacientes que están pendientes de la importación de un repuesto o insumo necesario a una diálisis, trasplante, terapia intensiva, cirugía. He encontrado en cambio, que Ud. propugna la manutención de este “esquema” financiero. Me gustaría haber encontrado algún artículo o declaración suya referida a la reducción estructural de la inflación y que no se limitara a equipararla con la usura; una palabra sobre la reactivación del campo y la industria, el abastecimiento nacional, la generación de empleo, o al menos alguna mínima reflexión sobre la controversial retribución al trabajo y al capital, para seguir usando una terminología que me entienda. Pero he encontrado en cambio, reflexiones  espurias, absolutamente retrogradas y extemporáneas sobre lucha de clases, burguesías y lumpen proletariados.

Usted, Señor Luis Salas, no está mínimamente preparado para enfrentar los desafíos colosales, de índole sutil y endemoniadamente técnica, que ensobran nuestra economía, a nuestro país, en estos momentos que son los más catastróficos de toda nuestra historia como Nación. Si se llegara a sentar con los interlocutores del FMI o del BM (cosa que deplorablemente es probable que tengamos que hacer para sobrevivir, o por lo menos para respirar), se lo van a comer vivo, cosa que por supuesto, no me gustaría que le hicieran a nuestro Ministro de Economía.

Al borde del precipicio, su nombramiento fue un paso en frente. Un paso de valiente e indoblegable gallardía revolucionaria, el último paso ante el abismo. Lo siento por Ud., ante todo por quién lo nombró, y por todos nosotros, porque sus dialécticas de clase nos van a conducir, a muy corto plazo, a momentos terriblemente difíciles.

De esta ignominia que son las colas racionadas por números de cédula y captahuellas, para comprar harina, leche, arroz, café; de este chantaje al que nos someten contrabandistas y bachaqueros para conseguir jabón y papel toilet, pasaremos ahora a una fase ulterior en la agudización del conflicto de clases del actual modo de producción.  En esta nueva, revolucionaria y noblemente enarbolada fase que se nos avecina, dónde se le va a poner mano dura a la burguesía, es decir, al productor de queso telita, a su distribuidor y a su comerciante final, la respuesta va a ser, sencillamente, No Hay. De ninguna manera. Con cola o sin ella. A ningún precio. No Hay. Algunos colocarán su humilde letrerito diciendo que No Ay. Otros bajarán la Santa María, extenuados de subvencionar sus pérdidas a la espera de tiempos mejores.

Y en ese momento, que se anuncia a muy corto plazo, dónde no hay arroz, pasta, ni harina; dónde no habrá pollo ni carne ni huevos; dónde no habrá jabón y papel; con cola o sin cola; con dinero o sin él; en ese momento la vida se nos hará difícil. Se les hará muy difícil a las madres explicarles a sus hijos que no pueden desayunar por culpa de la burguesía hasta que llegue la dialéctica.  

Anunció que va a empezar por calibrar la buena voluntad de la Asamblea Nacional mediante la propuesta de un Decreto de Emergencia Económica. Todavía hoy, 9 de Enero de 2016, la Guardia Nacional Bolivariana tiene órdenes de decomisar equipos y detener a periodistas que reporten las colas y los anaqueles vacíos. Varias personas y periodistas fueron detenidos y agredidos físicamente por hacerlo, porque estaban “tergiversando”, con casos muy puntuales, la realidad del pleno abastecimiento. Ahora, de repente, el Gobierno reconoce que estamos ante una Emergencia Económica. Por sus declaraciones ya hemos sabido lo que piensa de esta emergencia; que se debe combatir profundizando las trincheras de la Guerra Económica: expropiando a más empresas, manteniendo estos descabellados cuatro tipos de cambio, sometiendo la actividad privada a más controles y fiscalizaciones.

El problema básico de la economía venezolana es el acertado cálculo y liberación del control de divisas para llegar rápidamente a una tasa única que permita la importación de medicinas, alimentos, materias primas y repuestos, por no hablar de la libre circulación de capitales. La reactivación de las más de 1200 empresas expropiadas. La inmediata reactivación del campo. La recapitalización y limpieza funcional de PDVSA, convertida en un festival de abastos a campo abierto. La liberación de la actividad económica que empiece a repatriar la inversión nacional y extranjera; el desmantelamiento inmediato de dos sistemas bancarios y financieros paralelos; de dos sistemas de logística de alimentación paralelos; la remoción de los generales de los Gabinetes de Alimentación y su retorno inmediato a la cuarteles, al sitio que escogieron cómo opción de vida y al que pertenecen. La inmediata revisión de los acuerdos internacionales en los que regalamos petróleo por asesoramiento deportivo; en los que regalamos petróleo a cambio de “Solidariedades Bolivarianas” comprando descaradamente votos en descabelladas iniciativas mesiánicas como el Alba (que súbitamente se transformó en un Ocaso). La auditoría de las instituciones mediante la restitución de la libertad de expresión y autonomía de los medios, que actúen como garante de un marco de actuación mínimamente transparente y asegure un funcionamiento mínimo de las instituciones. Y un lago etcétera.

Si su decreto de Emergencia Económica contempla por lo menos algunos de estos aspectos, y una propuesta sensata de ejecución, no tengo la menor duda de que la Asamblea Nacional se lo otorgará con mucho gusto.

El Sr. Chávez conquistó sus altas cuotas de aprobación y popularidad porque le salió la lotería del siglo. Su período de mandato coincidió con los más altos precios de petróleo de la historia, considerados en moneda corriente o constante. Las arcas del Tesoro Nacional fueron súbitamente inundadas con tanto dinero que no solo dio para sufragar a cuantas misiones y proyectos se le ocurrieron, sino que daba para subvencionar el Estado fallido de Cuba, financiar elecciones de aliados en el exterior, lanzar satélites, comprar medios de comunicación nacionales y financiar el lanzamiento de medios de comunicación internacionales; y aún sobró dinero para que una élite, revolucionaria y cínica,  se apropiara indebidamente, a través de Cadivi, de por lo menos 100 000 millones de dólares, el mayor esquema de corrupción pública jamás conocido en la historia de la humanidad. Hoy, los precios del petróleo, están llegando a la quinta parte de lo que fueron. Y de acuerdo a la experiencia histórica y al panorama internacional, pueden seguir bajando mucho más. Ese es el meollo del problema. Es un nudo Gordiano. Y ésa clase de problemas, no se desentrañan fácilmente; se cortan por lo sano. El precio social, quédese el que sea en el poder, va a ser enorme, espantoso.

Me temo que, en cambio, su decreto venga a pedir permiso para combatir la Guerra Económica con medidas más extremas y radicales. Medidas, que cómo ideólogo del Gabinete Económico, Ud. pensará que vendrán a agudizar las contradicciones del modo de producción hasta llevarlo a la crisis de la desintegración y síntesis dialéctica.  

Y estoy seguro que esta actual Asamblea Nacional, elegida por una mayoría aplastante del pueblo venezolano, no se lo va a aprobar, porque no va a entender como se le da de comer a la gente con revoltijos de epistemología y dialéctica.

Seguramente, después vendrán las consabidas acusaciones de que no pudo hacer nada por el entorpecimiento y conflicto de poderes, de confabulación de la derecha con los intereses oligárquicos de Fedecámaras y bla bla bla.

La verdad es que su modelo, y el de quiénes lo nombraron y acompañan, terminó. Se les acaba la verborrea esperpéntica de “pueblos”, “revoluciones”, “colectivos”, “comunas” y “comandantes eternos”. La gente no es burra y se pregunta de dónde sale la plata para empapelar al país con fotos de Chávez pero no hay dinero para pasta y arroz.

A Ud. personalmente, ya que le estoy dirigiendo esta especie de misiva (que por supuesto no llegará a leer porque me leen apenas tres o cuatro amigos) le recomiendo lo siguiente. Después de que le rechacen contundentemente su decreto de Irreconciliación Nacional, diga que quedó con las manos atadas y que no puede hacer más nada. Renuncie pues. Para su bien y el de todo el País. Hágase una autocritica  sincera y reconozca que es básicamente un ideólogo marxista, y que no está mínimamente preparado para ser subgerente de la sucursal de un banco; ni por asomo, Jefe del Gabinete Económico de éste País.

Su nombramiento es infortunado, inadecuado, infeliz. Pero es sintomático de los tiempos. En los últimos tres años, el Presidente Nicolás Maduro ha nombrado ministros al ritmo de uno nuevo cada quince días. A excepción de algunos casos, in extremis, como el suyo Sr. Salas, se han tratado básicamente de enroques, de un pequeño grupo que se turnan las posiciones de Poder, como un grupito de niños se intercambia una vieja colección de barajitas deshilachadas, de edición suspendida y limitada. A éste Gobierno se le han agotado todos los recursos, hasta los recursos humanos, y éste, no me cabe la menor duda, será su último Gabinete Ministerial. Tuvo la oportunidad de retificar, aunque fuera para salvar la cara y culminar su mandato.  Tuvo la oportunidad de aceptar y transigir, negociando una oportunidad única de Reconciliación Nacional llamando al Gabinete a integrantes de la Oposición. Pero, una vez más, ha dado muestras de incapacidad, de falta de inteligencia, de dogmatismo imbécil, y sigue demostrando su absoluta ineptitud en matérias de sensibilidad política, percepción y olfato,  tacto emocional. Debe creer, en el fondo de sus convicciones solipsistas, que va a poder instigar un enfrentamiento, una sublevación, legitimar un autogolpe; cualquier idiotez parecida, porque cuenta con "El Pueblo" (al que, en represalia infantilezca, le ha re-expropiado Taxis, Viviendas y Canaimas). Incapaz de darse cuenta de que su supuesto pueblo le está diciendo que ya basta, que se vaya, que quiere trabajar y comer, y llegar sano y salvo a su casa para poder descansar de esta histeria colectiva y poder dormir.






  

jueves, 7 de enero de 2016

Ver y escuchar. La fascinación y el asombro.

Esta es una de las fotos más bonitas que conozco. Apareció por primera vez en una edición del Reader’s Digest de 1974, y el niño se llamaba Harold Wittles. Era sordo de nacimiento y cuando el médico lo examinó llegó rápidamente a la conclusión que escucharía con una prótesis. Cómo ya estaba familiarizado con las reacciones de niños anteriores, de esta vez contrató un fotógrafo profesional para que le tomara una foto a Harold en el preciso momento en que escuchara por primera vez en su vida. Y esa es la cara del niño, el retrato de la fascinación y el asombro.

 

Creo que retrata también lo que nos está sucediendo a todos los venezolanos en este momento en que mínimamente se nos permite escuchar libremente. Todavía nos falta mucho para tener unos medios de comunicación verdaderamente libres e independientes. Pero después de tantos años de represión, secuestro y silencio, estamos atónitos, fascinados, ante esta pequeña brecha de luz que significa el otorgarle el derecho de palabra a la oposición en la Asamblea y que estas alocuciones sean televisadas libremente. Fascinación y asombro fue lo que sentí cuando un diputado le preguntó a una Sra. Cília Flores cabizbaja y enfurruñada, porqué los integrantes de la “Primera Familia” de la República tenían pasaportes diplomáticos y los utilizaban para traficar toneladas de drogas. O que se va a averiguar, hasta el último céntimo, dónde están los 25 mil millones de dólares que la principal figura económica del régimen denunció habían sido sustraídas al país, suma con la cual se pudieron haber construido 18 Siderúrgicas del Orinoco. O que uno de los actuales jueces del TSJ fue nominado para el cargo dos días después de haber perdido su candidatura a diputado por el PSUV. Los jueces del TSJ no solo deben ser imparciales sino que es inconcebible que tengan activismo y militancia política.

 

Y no es con menos asombro que asistimos a las declaraciones de los voceros del régimen, verdaderas patadas de ahogado. Las declaraciones de Diosdado Cabello son de una gravedad inaudita. Dijo textualmente que a las decisiones de esta Asamblea el resto de las instituciones “no le van a parar”, que se le suspenderá la asignación de fondos y se le impedirá la publicación en Gaceta. Le faltó decir que la va a rodear de tanquetas.

 
Señores del Gobierno. Tómenlo con calma, con mucho tinito en la totumita y ponderación. No se atraganten con tanto “pueblo” y “derecha” en la garganta. Muchos de los que los sacamos de la Asamblea somos gente de izquierda, con más preparación, experiencia y convicciones democráticas de ecuanimidad social que Uds. Y el pueblo que nombró a esta Asamblea, la mayoría del pueblo venezolano, es el mismo pueblo que la va a defender. Con una agravante, en su contra. Es que si persisten en esta actitud de desconocimiento y boicot cada vez seremos más y estaremos más dispuestos a defenderla.

martes, 22 de diciembre de 2015

Democracia en América

Es imposible desatender la campaña política del Sr. Trump. Acapara titulares casi todos los días con sus declaraciones de enfant terrible. Básicamente las intenciones del Sr. Trump son las de expurgar a los EEUU de todas la lacras que infectan la sacrosanta pureza de los Estados Unidos: la mácula de raza. Tiene un diagnóstico simples y una solución simples: expulsar a los extranjeros, a los latinos y los musulmanes (ya veremos que hará con los negros) y eso ciertamente seduce a las mentes simples.

 

La inmensa mayoría de los norteamericanos, y del resto de las personas del mndo, tienen una mente simples.  No tuvieron mucho tiempo para los sofismas de una formación política elaborada: son plomeros, albañiles, trabajadores de Ford o General Electric, cajeros de un banco, granjeros. Todos con el mismo derecho que los demás, el derecho a votar ya expresarse. Son por lo general gente buena, trabajadora, con su moral, su religión, sus principios; gente que, mayoritariamente, se siente perpleja por lo que le está sucediendo a ellos y a su Patria. En los últimos años han perdido sus empleos, porque sus empresas americanas han trasplantado sus plantas industriales a China o al Sudeste Asiático; han perdido sus casas porque les vendieron segundas y terceras hipotecas fáciles con las que se compraron camionetas extranjeras que también perdieron; perdieron las camionetas BMW y sus casas; y son sistemáticamente bombardeados con noticias del terrorismo islámico, que puede estar a la vuelta misma de la esquina. Y cómo les puede suceder en cualquier momento abdicaron de sus derechos a favor de un Estado cada vez más omnipotente y “vigilante”.

 

En mi adolescencia fui asumidamente comunista y “consecuentemente” anti-norteamericano. Decía Willie Brandt que quien no fue comunista a sus diecioco años no tuvo corazón; pero el que lo seguía siendo a los treinta no tenía cerebro. Por suerte, antes de mis veinte años me dieron a leer, en mis clases de sociología, a La Democracia en América de Tocqueville, y empecé a dudar de mis tan sólidas convicciones.

 

En Venezuela sentimos que la opinión pública internacional debe prestarnos atención, pero nosotros no sentimos el deber de prestarle atención a nadie. Y puede que hasta le resulte incongruente a alguien, que un venezolano como yo, no esté pendiente de escribir sobre la nueva asamblea legislativa y se dedique a escribir sobre las campañas primarias de Estados Unidos. Hay cosas que se aprenden en democracia, por ejemplo, que los derechos y obligaciones son mutuos.

 

Los Estados Unidos fueron, por más de doscientos años, una referencia y un baluarte de la democracia occidental. La Civilización tal como la conozco, desde que nací, fue en gran medida configurada por la historia, el papel, de los Estados Unidos. Sin embargo empiezan a aparecer sombras. Desde Reagan, pero aún más con los Bush, la democracia norteamericana se asemeja cada vez más a una plutocracia, un gobierno de ricos para ricos que ignora a las clases medias y menos favorecidas. Donald Trump es un ejemplo de ello, un especulador inmobiliario, que se ha hecho multimillonario al amparo de dos cosas: un sistema político y tributario flácido y permisible; y el uso de los medios de comunicación, no como instrumentos informativos, sino como entretenimiento bufonesco. Se trata del “Imperio de la Ilusión” cómo refiere Chris Hedges, un lúcido pensador que ostenta un Pulitzer.

 

Hace tiempo que la Democracia en América está viviendo momentos difíciles, denunciados por muchísimos de sus intelectuales, varios premios Nobel incluidos. Stiglitz, Krugman, Pickerty, Reich y muchísimos otros intelectuales de primer orden han denunciado que la inconcebible concentración de la renta y de la riqueza en manos de una supr élite está destruyendo, a nivel golbal, la confianza y el funcionamiento de las instituciones. En "El Fin del Poder" Moises Naim hace un diagnóstico muy superficial de la desintegración del poder en la sociead contemporánea y no intenta llegar a la raíz del problema: mientras más atomizado se encuentre el poder más fácil se les hace a las hiper élites su control y manipulación. Mientras estamos pendientes del matrimonio homosexual y del cambio climático, más distraídos nos volvemos del problemo político fundamental: el de cómo se organiza la sociedad para producir y distribuir, cuáles deben ser las reglas, los mecanismos de incentivo, las barreras de protección. Los más lúcidos intelectuales no se cansan de denunciar que la avaricia sin escrúpulos de los las grandes corporaciones e instituciones financieras, de sus CEOs y sus accionistas, están socavando los cimientos de una sociedad minimamente justa y equilibrada. Una sola família en los Estados Unidos, los Walton (de Wal-Mart) son más ricos que el 40% del resto de las familias de Estados Unidos. Millones de trabajadores de Wal-Mart no devenga el sueldo mínimo.

Pero apesar de las denúncias el status quo no ha cambiado, sino que culmina en esta perla llamada Donald Trump. Según él, los culpables de todos los males no son los judíos sino los latinoamericanos y los musulmanes. Es inadmisible, es digno de todo repudio y condena sin mucho más espacio para argumentación. No debemos ignorar a Trump y a Mariane Le Pen. Antes por el contrario, debemos estar muy alertas. Pero no tiene mucho sentido dignificarlos a la altura del debate.

 

Tenemos a este Sr. Trump, por un lado. Aunque tenemos, del otro lado del espectro, a los demócratas. Hillary Clinton ha proferidos breves pero muy categóricas afirmaciones a favor de la democracia en Venezuela, de las cuáles estamos agradecidos. Pero Hillary está subvencionada, comprometida, desde la partida, con los más rancios poderes pecuniarios de Estados Unidos.

 

El Tribunal Supremo de Justicia de los Estados Unidos emitió una sentencia homologando las corporaciones a las personas con relación a sus derechos para subvencionar campañas políticas. Si la situación de las subvenciones privadas estaba en Guatemala pasó a más de Guatapeor. Los llamados Super-Pac son subvenciones de decenas de millones de dólares que las grandes corporaciones hacen a los candidatos de su gusto. Es absolutamente obvio, casi natural, que un candidato se sienta comprometido en el ejercicio del poder ante un ente que le ayudó “extraordinariamente” a ganar su posición política. Y es absolutamente obvia y patente, la intención original de la corporación para hacerlo. Grosso modo, porque no estoy haciendo periodismo investigativo, Hillary Clnton está subvencionada por una docena de compañías que no solo afirmo pertenecen a la Fortune 500, eso es evidente, sino probablemente a la Fortune 20!!!

 

Bernie Sanders es otro candidato a la nominación demócrata. No tiene el respaldo de ningún Super-Pac, mucho menos de las 500 compañías más grandes de Estados Unidos. Es un viejo cascarrabias, pobre, mal subvencionado, pero terco, que está empeñado en defender sus ideales demócratas de justicia social. Su campaña se costea con las contribuciones de trabajadores anónimos de 5, 20, 30 o 50 dólares.

 

En el 2010, Sanders, como Senador por Vermont, se tiró un largo y memorable discurso en el congreso. Búsquenlo en Internet, porque considero que, más que los libros políticos de Chomsky, es una referencia absoluta en el pensamiento político contemporáneo.

 

Sanders denunció con prístina claridad lo que le está sucediendo a la Democracia en América, dónde el 0,3% de la población devenga el 23% de la renta y aún así estaba solicitando (cosa que logró) una sustancial reducción en impuestos. El 1% de la población detenta el 90% de la riqueza, y pagan menos en impuesto que los trabajadores fabriles. En Estados Unidos los rendimientos del capital son pechados con 10 o 15 puntos porcentuales menos que los rendimientos del trabajo. ¡Un trabajador de McDonalds paga más en impuesto que un especulador que coloca millones de dólares que le son superfluos, en las cajas negras de Wall Street!

 

Bernie Sanders denunció el papel que tuvo la Federal Reserve en la subvención astronómica a entidades privadas, que luego de la debacle del 2008, en las que fueron subvencionadas con capitales públicos, aumentaron sustancialmente sus ganancias y la compensación a sus administradores ejecutivos. Dos años después de la catástrofe, los ejecutivos de Wall Street, sus responsables, estaban ganando entre 30 a 50% más que antes de la debacle.  

 

Todo el mundo está sometido a la fanfarria de los medios, a la echonería vulgar de Donald Trump. Los invito a que averigüen quién es y qué hace el más humilde Bernie Sanders.

 

martes, 24 de noviembre de 2015

El Arte y el Fraude


Hace ya más de 100 años, Marcel Duchamp hizo volar por los aires el concepto de autoría en las artes plásticas. Fue contemporáneo de Picasso, Matisse y Miró, pero en muchos aspectos su obra (y la mezcla de pensamiento con la obra, que se ha vuelto terriblemente problemática) estaba mucho más adelantada a su tiempo que sus mucho más famosos contemporáneos. Dedicó años y años a unas pocas obras, complejas, incatalogables como pinturas o esculturas o casi-máquinas, como su Gran Vidrio, en el que invirtió lustros de trabajo. Al final, hizo fotografiar la obra, el gran vidrio !que estalló bajo el calor de los focos de iluminación! De viejo, se retiró en Argentina y se dedicó a jugar ajedrez. Nada más por eso merece mi admiración más profunda: de la absoluta libertad del arte, que más que nadie promovió, pasó al mundo del ajedrez, con sus reglas milenarias, estrictas e inflexibles. Sabía que el mundo se compone de muchas cosas, cada una con sus reglas. Es muy divertido transgredirlas, después de conocerlas, por supuesto.

 

Duchamp a principios de siglo presentó dos obras al Gran Salón de Paris, una institución patricia cómo pocas las había entre finales del siglo XIX y principios del XX. Paris mandaba en el resto del mundo porque era el centro del mundo. La meca de Chopin, y antes de Mozart y Haendel (que terminó en Londres) la patria de Berlioz, Stendhal, Balzac, Victor Hugo, Zola y tantos otros. La ciudad de Delacroix, Ingres, Dumier; y después de la revolución iniciada con los impresionistas, Manet, Monet, Seurat; seguida de los escándalos de Toulouse-Lautrec, Degas, y más tarde Van Gogh, Cezanne, Picasso y un larguísimo etecétera.

 

Pero nadie conmocionó más los cimientos del arte que Duchamp. Presentó dos obras que estremecieron las fundaciones mismas de lo que es el arte, que puede ser, cuales son las relaciones del artista con la obra, qué es y que no es arte. Duchamp firmó objetos que no eran suyos. Les colocó su firma y dijo “esta es mi obra”. Una de esas obras fue un urinario de cerámica que se consiguió tirado en una basurero. Lo firmó y lo presentó como una obra suya. Lo encontré en California, no sé si en Los Ángeles o en San Francisco. La segunda obra, es un aro de bicicleta, que creo haberlo visto en el MOMA. Por supuesto que les pedí a unos japonesitos que me sacaran la foto y las posteé Facebook, con cara de nerd gafo.

 


Duchamp estaba diciendo varias cosas: “yo vi la escultura dónde un artesano vio la utilidad, y por eso la forma, el significado espacial, la aproximación plástica, la obra, me pertenece a mí”; también estaba diciendo que la ejecución manual era un concepto relativo, que lo fundamental era la idea conceptual; y estaba diciendo que entre la obra y el autor se establece una relación hiper compleja, entre apropiación, ejecución, conceptualización y autoría.

 

Hoy día, el mundo de la imagen se ha transformado radicalmente. Hace más de 100 años los pintores se desgarraban en dilemas morales entre los límites de la fotografía y el retrato. Todavía hoy existe gente, desinformada, que lo hace.

 

Hace 20 o 30 años conocí a un pintor. Hacía unos cuadritos más o menos. Varias veces estuve en su casa, y en su estudio había un cuarto que estaba celosamente guardado bajo llave, dónde supuestamente guardaba sus materiales de pintura. Por supuesto que el cuartico me tenía loco, fascinado. Nada me interesaba más que mirar los materiales mágicos que utilizaba, sus paletas, sus pinceles, sus tintas, sus esponjas y espátulas. Me imaginaba toda una parafernalia de pinceles de pelo de marta, tintas Windsor y Newton, pinceles Kolinsky hechos con pelo de ardillas rojas de Rusia…

Un día encontré la puerta abierta. Se me abrió la tierra, de la decepción se me cayó el cielo encima, el peor temor de los antiguos Galos. En el cuarto estaba un proyector de diapositivas, slides, con fotos de los cuadros que el pintor había ejecutado y yo había visto y admirado. ¡Engaño! ¡Trampa! ¡Fraude! El hombre proyectaba las diapositivas sobre los lienzos y los calcaba, en contorno, composición y color!!! Él hacía exposiciones, publicaba folletos, tenía un curriculum, exhibía un portafolio… de réplicas, copias, colorines calcados como sobre un libro de colorear!!

Nunca más puse un pie en la casa del viejo. Porque no solo se burlaba de Picasso sino que probablemente nunca había visto un cuadro de Kadinsky.

 

Pero otro gallo cantaría si el señor estuviera consciente de lo que estaba haciendo. Si el proyector de diapositivas no fuera “su trampa” sino un instrumento de trabajo. Total, Duchamp, cuya obra ya conocía, fue muchísimo más lejos, apenas firmó. Probablemente debiera utilizar el proyector para cuadros de 3x5 mts y no para los de 30x50 cms. Quién sabe. En última instancia, la diferencia entre "el arte" y "el fraude" radicaría apenas en su conocimiento, en su cultura plástica. Pero esto resulta terriblemente problemático. ¿La obra no habla y no vale por si misma? ¿Depende de quién la hace? ¿Depende de sus conocimientos o de su trayectoria? ¿Quién juzga? ¿La opinión de un crítico puede determinar el valor de la obra? ¿Dónde queda el autor? ¿Qué significa serlo? ¿Qué hay del arte naif? ¿Tiene critérios diferentes? ¿Porqué? ¿Pedo firmar el Empire State Building? ¿Si pinto algo en una de sus paredes, a quién le pertenece la obra: a los dueños del edifício, a los transeúntes, al autor?

 

Una vez intenté explicarle a una fotógrafa en ciernes que no tenía nada de malo utilizar los “filtros” digitales que vienen con las cámaras más sofisticadas. Ella me decía que era “hacer trampa”; yo le intentaba explicar que la cámara misma, sin filtros, ya viene equipada con unas configuraciones de origen que alteran la imagen. Que no existe una imagen “normal” que viene dada por la naturaleza. Eso no existe en las cámaras; eso no existió siquiera con los primeros daguerrotipos. La reproducción de la imagen, sea natural o mecánica, es una interpretación. Y la manipulación de Photoshop es apenas una extensión del “arte” de los antiguos baños de las fotos en B y N en el cuarto oscuro.

 

Hoy, más que nunca, se han perdido los límites entre el uso del pincel y el del Photoshop (existe toda una miríada de subproductos específicos para pintar, pero Photoshop es el icono y acaba de cumplir 25 años!). Creo, casi como un principio de fe, que se debe aprender a utilizar el lápiz sobre el papel, el pincel sobre la tela. Aprender perspectiva, valoración y composición. Saber distinguir entre un HF y un 5B; apreciar en una fracción de segundo la diferencia entre un papel barato de 100 grs. y uno de algodón de 300; un pincel sintético y uno decente. Pero también creo que ignorar los recursos digitales es un hándicap grave para un artista contemporáneo. Quiero creer que Rafael y Miguel Ángel hubieran delirado con los recursos de una Wacon o de un Ipad Pro. Qué se hubieran extasiado con las esculturas en flores de Koons. Estoy seguro que Rembrandt se hubiera caído de culo viendo un auto retrato de Francis Bacon. Y que tanto uno como otro, en el momento de conocerse, se hubieran hecho pipi en los pantalones, de la emoción.

 

Es muy difícil saber distinguir entre lo que es arte y lo que no. Y, cada vez más, distinguir técnicas y suportes. Y éste mudo está lleno de charlatanes que no saben diferenciar entre el gouache y la acuarela, el acrílico y el óleo. Aún para mí me resulta a veces difícil distinguirlos, ¡en cosas que hice yo mismo!

 

Es un mundo complejo, pero que resulta invariablemente en la creación, la expresión. El acto, la volición. La obra por sí misma, hace siglos que ha dejado de significar. La autoría, queda en segundo o tercer plano, excepto para los dealers que negocian firmas. Queda la percepción. La intuición.

 


Apreciar una obra de arte es algo complejísimo que involucra la obra, el autor, la técnica, la correspondencia emocional, y un montón de cosas más como el conocimiento de la técnica y de la historia del arte. Es un peastre loco. Pero que se resuelve cuándo enfrentados a un cuadro, a una escultura, a una performance, sentimos algo. Yo distingo a leguas el 90% de las cosas de un principiante, un amateur, un jubilado, o un farsante. Pero me queda un 10%, es decir, millones de cosas por resolver. ¿Y saben qué? Me fascina quedarme con la duda, intentando descifrar y comprender, aún debatiéndome sobre la admiración y la duda.

sábado, 17 de octubre de 2015

Carta abierta a la MUD

Si la Oposición gana las elecciones por 5, 10 o 15%, ese porcentaje no es significativo y el Régimen dispone de muchos mecanismos para neutralizarla. Si la Oposición obtiene las tres cuartas partes de la Asamblea, la situación, desde el punto de vista Constitucional, cambia drásticamente. En éste momento todo apunta a que esta calificación de mayoría sea posible. Solo se requiere que las elecciones sean realizadas en forma imparcial y justa. La Oposición no cuenta con medios de comunicación, con funcionarios públicos, con autobuses de las Alcaldías y Gobernaciones, con el apoyo logístico fenomenal de unas FFAA parcializadas; no cuenta con los inmensos recursos del Estado que el Régimen coloca a disposición y discreción del PSUV. Gobierno y PSUV son una y la misma cosa, y su formación política es tan elemental y tan burda, que ni siquiera atisban a entender que, en democracia, no lo pueden ser.

 

Aún así, queremos ir a elecciones. En estas condiciones de ventajismo tan desproporcionado, desequilibrado, prácticamente inadmisible, nuestra única garantía sería apelar, una vez más, a la observación internacional. Pero nuestro CNE negó la participación de la OEA y de la UE en éste proceso. Estuvieron aquí en el pasado y cerraron los ojos a centenares de irregularidades que no son toleradas en sus propios países. Pero aún así, son una mínima garantía de observación. Nuestro Gobierno sabe que esas instituciones han empezado a abrir los ojos y a detectar sus artimañas y triquiñuelas. Y por esa razón les ha negado su participación en este proceso. A quienes vamos a tener aquí, son a funcionarios de los gobiernos de Nicaragua, Ecuador, Bolivia, y de la misma Argentina y Brasil que tanto se han beneficiado, de forma subrepticia e hipócrita, de sus relaciones con éste Régimen.

 

No entiendo cual es la posición de la MUD. Esta clase de transigencias y concesiones ha redundado siempre en la legitimación de los procesos electorales del pasado, que siempre fueron controversiales, muy poco claros y que dejaron muchos espacios abiertos a la duda, al cuestionamiento, a la mismísima impugnación.

 

Hemos dejado pasar una y dos y tres e innúmeras veces los atropellos contra los principios de ecuanimidad, imparcialidad y justicia que deben prevalecer en los procesos electorales transparentes.

 

Podríamos tener el 50% de ventaja en las encuestas. Eso no significa nada si no se traduce en su expresión efectiva en las urnas. Parece que la única preocupación de la MUD es dar una imagen de solidez y unidad cuando debiera estar preocupada por otra cosa, por las garantías del proceso. Los venezolanos ya estamos reunidos hace mucho tiempo, muchos años, por una unidad de causa. Lo único que necesitamos es que los voceros de la Oposición se conviertan en garantes de nuestra expresión, y no en nuestras  “figuras”, “voceros”, “líderes” que expresen nuestra opinión. Eso ya está expresado y  constatado de mil formas, y nadie requiere de más denuncias y pruebas sobre lo que está pasando en Venezuela. Estamos pasando hambre, necesidades y dificultades para vivir. Eso no hace falta “denunciarlo” más, porque todos los vivimos.

 

Necesitamos que nos digan que están haciendo para contribuir a que éste sea un proceso electoral limpio y justo, en el que no se van a permitir, a tolerar, trampas y juegos sucios. Expliquen lo que están haciendo para saber si vamos a votar con un mínimo de garantías o si vamos a malgastar, a erosionar, y quién sabe si a matar de una buena vez, nuestra esperanza.

  

Si vamos a votar porque les aseguramos un curul, y están creyendo que desde ahí, van a hacer o cambiar algo, díganoslo. Si vamos a votar porque contribuiremos a detener la peor debacle en la Historia de Venezuela, explíquennos cómo lo están haciendo. ¿Quiénes van a ser los observadores internacionales? ¿Cómo vamos a asegurar que se circunscriba, y se limite a un mínimo de decencia, la colocación del descomunal aparato del Estado al servicio del PSUV? ¿Son Uds. los que nos están convocando a votar? Tenemos el derecho de saber en qué condiciones y términos lo están haciendo ustedes, y lo vamos a hacer nosotros.

miércoles, 14 de octubre de 2015

La salida. En un párrafo.

Vamos a elecciones. Es lo más probable. Pero no las ganaremos por 20 ni 30 por ciento, como dicen las encuestas. Es ingénuo Las vamos a ganar por un margen mínimo. ¿Y después qué? No pasará nada. ¿Vamos a salir a la calle a manifestar? ¿Yo? ¿Voy a salir a que me disparen con gases o con balas de verdad? Yo, no. Pero estoy dispuesto a una acción cívica, civil y pacifica. Dispuesto a adherir a una huelga general que paralice el País. No será la huelga de dos días que obliga a negociar el Gobierno de Francia, por ejemplo. Serán semanas o meses, si hace falta, para doblegar un Gobierno que de súbito, se encontrará que no tiene súbditos, masa gobernable, su querido Pueblo. No me imagino otra salida.

sábado, 10 de octubre de 2015

Clarita

Esta criatura preciosa vino a vivir conmigo cuando tenía tres semanas, un mes. Era una labradora, dormilona y dulce, que a duras penas lograba verte porque no enfocaba bien los ojos. Por supuesto que dormimos abrazados los primeros días. Y la perdoné, esos primeros tiempos. Y los segundos. Pero a los terceros ya no pude aguantar más que me cagara y meara más en la alfombra, el sofá, la cobija verde, la almohada. Los sítios que ésta negrita prefería, porque eran los más suaves, los más cuchis, los más tiernos, dónde se sentía más confortable y a gusto para "relajarse". No, Clarita. !NO NO NO NO! !Pero no hubo manera! La encerré en una terraza grande, con bastante espacio, para que escogiera un sítio. Y lo hizo. Pero a los dos meses se había vuelto un toro, comía casi un kilo de perrarina por día. Estaba gordísima y fuerte. Te saltaba encima, te mordía, te arrancaba los zapatos y todo lo que tocaba lo destruía. Como una biblioteca completa de Sociología de la Familia, Sexualidad y Desigualdad de Género (oops, primícia para ti, querida, peldón).

Ya tenía varias heridas en las manos y en los pies, porque la condenadita quería jugar, pero lo único que tenía para aprehender, utilizar y expresarse, era la boca, y terminaba mordiéndome por todas partes. Las veces que la llevé al parque canino, me cagó en el carro. Las veces que la saqué a pasear en la calle, terminaba soltándose y se me perdía. !Claritaaaa! (Perra coño de tu madreeee, que te va a tropellar un carroooo).

La semana pasada, después de muchos paqueticos de galletas malgastados en el "refuerzo positivo", decidí dedicarme casi exclusivamente a ella. Ya tenía cinco meses. La había intentado meter a la casa algunas veces, pero cada vez que lo hacía me destrozaba los zapatos, los pantalones, las almohadas. De esta vez, me propuse, la iba a enseñar a lo antiguo. Con un buen par de coñazos y de jalones de orejas. Es verdad que me producía sentimientos encontrados, maltrato animal coño, esas guevonadas. !Pero Eureka! Entendió que no podía saltarme encima, ni morderme, ni subirse al sofá. Progreso al fin.

Tuvimos un par de días perfectos. Entendió que debía dormirse en el piso a mi lado (aunque me despertaba a las cinco de la mañana, lamiéndome la cara). Nos sentábamos en la escalera, mirando hacia la calle; ella intentando pararse las orejitas cada vez que pasaba un niño o un perro en la calle. Debatiéndose entre la tentación de bajar las escaleras o la de permanecer a mi lado.

Y en el ínterin, mientras pasaba uno u otro, se recostaba de mí, se pegaba a mí. Apoyaba su cabecita en mis piernas, y luchaba contra todas las tentaciones de su alma, que le ordenaban morderme las manos y los pies, pero se resistía. El primer día fue muy bonito, muy romántico. El segundo día no me tocó con la boca, ni me saltó, y dejé que me lamiera la cara todo lo que quisiera. (Me bañé meticulosamente antes de que llegara Mary Carmen). Ése día no comió. Al segundo día le puse caldo de pollo y atún, sus manjares favoritos, pero tampoco comió. El tercer día vino el veterinario. En tres días se puso flaca, piel y hueso. El cuarto día murió. La había visto un par de horas antes, debajo de la batea, en el otro extremo de la terraza.  Tenía las orejitas tan alicaídas que parecía que le iban a caer al suelo. Y una mirada indescriptiblemente triste. La acaricié, pero no se movió.

Dos horas después el plomero la encontró muerta, pegada a la puerta que comunica la terraza con la casa; el sítio dónde acostumbraba a acostarse, el más cercano para poder escucharme. Dos o tres horas después se desató un aguacero torrencial y escuché un trueno increíblemente cercano en la terraza. Me asomé, casi a miedo. Bajo el peso el água, una gran rama de un árbol del jardín, se había partido, desgajado y desparramado sobre la terraza dónde había vivido Clarita. De haber estado viva hubiera podido salir herida, o se hubiera asustado terriblemente. Pero ya no estaba. El día que hice las paces con Clarita, se murió. O hizo las paces conmigo porque se iba a morir. No lo sé. Era un bebé.

Esperé una vida hasta animarme definitivamente a tener un perro. Llevé 10 o 20 años para decidir qué raza de perro me gustaba. En Nueva Zelanda vivi en una casa con sopotocientos mil metros de huerto, jardín y floresta y con tres casotas para perros disponibles para recibir a la mascota. Visité media docena de refúgios, otra media docena de tiendas de animales, y no me atrevía a adoptar uno. No por miedo de escoger el animalito errado, sino por terror a hacer el compromiso emocional cierto, el de menos daño. Hasta que, sabiéndome los días contados, me dije que era hora. Mary Carmen y yo nos enamoramos a primera vista de Clarita. No preguntamos raza, estado, condiciones, ni precio. La agarramos y no la soltamos más, cuidando de que nadie más la tocara.

Debiera estar acostumbrado a esta clase de coñazos y pérdidas, de golpes absurdos del destino. Pero no lo estoy. Y me parece que no lo estaré nunca. No solo perdí a mi perrita. Mierda. Perdí la ilusión de querer tener a una, la que esperé por 20 o 30 años. Y no quiero tener otra. Era ella. Cagona y meona. Y se acabó.